La primera vez que vi el Taj Mahal

Hace unos días me «ha recordado» Facebook la primera vez que vi el Taj Mahal en persona (noviembre de 2016) y, la verdad, impresiona. Todas las palabras se quedan cortas para describir tal sensación, especialmente cuando llevas muchos años dándole vueltas a la idea de viajar a la India y, finalmente, has dado el gran paso (y encima sola).

El caso es que para llegar a Agra (ciudad donde se ubica el Taj Mahal), en el estado de Uttar Pradesh, viví otra de esas aventuras que sólo se viven en la India. Llevaba solamente 4 días en el país y ya había vivido de todo: varios intentos de estafa por varias agencias de viajes, intentos de timo para comprar billetes de tren en la entrada de la estación de New Delhi Railway Station, caos y largas colas de espera para sacar dinero en los cajeros porque tuve la fortuna de llegar al país cuando ocurrió la dramática demonetización de la rupia india, hice «amigos» que luego no te dejaban respirar ni paraban de bombardearte a mensajes y llamadas, cientos de «selfies» con desconocidos, había explorado la Vieja y la Nueva Delhi, probado comida deliciosa, pero picante a morir (y sí, es verdad lo que dicen, lo que pica por arriba, también pica por abajo), pero, en cualquier caso, yo ya estaba fascinada por este país.

El día que llegué a Agra salí pronto de mi hotel en Delhi (Smyle Inn), el cual me encantó por mil razones (limpio, seguro, con un personal fantástico y una localización perfecta), y me fui andando a la estación de tren, a unos 500 metros de distancia. Ahí tuve que hacerme la fuerte y pasar una barrera de hombres que iban uniformados como si trabajasen en la estación, pero que eran parte de un timo que consiste en que te piden el billete de tren y te dicen que esa no es la estación correcta, te confunden y te ponen en un auto-rickshaw camino a la otra punta de la ciudad para venderte una excursión, un tour u otro billete de tren. El caso es que ya me habían advertido de este engaño (gracias, Gallo, te lo agradeceré siempre), así que, con la cabeza alta, paso seguro y mirando al frente, les ignoré a todos y pasé la barrera sin pestañear. Y allí estaba yo, dentro de la caótica estación de Delhi buscando mi tren en esa marabunta de gente, andenes y trenes. Pasé el punto de seguridad donde unos militares escanearon mi equipaje (hay mucha seguridad para acceder a cualquier edificio público) y me puse a buscar mi tren. Estaba bastante perdida, pero preguntando a la gente que había por allí, me ayudaron a localizar mi andén y subir a mi vagón.

New Delhi Railway Station

Menudas 3 horas y media de entretenimiento que pasé. Yo viajaba en clase «sleeper», vamos, muy barato, y se sentó a mi alrededor medio universo, o eso me pareció ;) Conocí a mucha gente en ese trayecto, y poco a poco fui observando una de las facetas de la cultura india, son realmente curiosos y sociables (lo siento por la generalidad, que nadie se ofenda, por favor). Mucha gente vino y se fue sólo para observarme, hacerse una foto conmigo, compartir comida o simplemente charlar. Recuerdo que un señor y un chico estuvieron todo el rato conmigo y aprendí mucho de ellos, estuvimos hablando durante todo el trayecto y el chico hacía de traductor de todo aquel que no hablaba inglés y quería saber de mí.

Mi primer viaje en tren en India
Mis compañeros de vagón

Recuerdo que aprendí una lección de vestimenta, que me acompaña desde entonces para viajar por India. El señor mayor y yo nos pusimos a hablar de las mujeres y del respeto que los hombres, generalmente, tienen a las mismas en la India. Me dijo que yo no era como muchas otras turistas extranjeras, que iba bien vestida y no iba «enseñando» nada (yo llevaba la camiseta enrollada con la tira del sujetador para que no se me viera el escote y no atraer miradas «de más»). El señor mayor me dijo que en la India «se respeta a las mujeres que no enseñan la ropa interior» (es un país extremadamente conservador y eso está muy mal visto), y una buena mujer india viste «decentemente», vamos, como yo iba vestida :P. Desde entonces he tenido siempre extra cuidado para no enseñar «demasiado» e ir modesta y recatada para pasar desapercibida y evitar así miradas incómodas (y aún así las atraes, pero menos) y ganarme el respeto de la gente local. Esto, además, me ha ahorrado problemas con muchos «salidos» y es que, al viajar sola, poca precaución es poca.

Llegué a Agra después de muchas charlas interesantes en ese tren y, lo típico, al salir de la estación, muchos conductores de auto-rickshaw se aproximaron a ofrecerme sus servicios y un señor super simpático que chapurreaba 4 palabras en castellano se me acercó y, para ganarse mi confianza, me enseñó un cuadernillo viejo lleno de reseñas sobre sus servicios, muchas de ellas de españoles (lo que era antes un tipo de Trip Advisor cuando no había internet). Me convenció de que era de fiar y por un precio bastante barato me llevó al hostel que yo había reservado, con la condición de que me llevaría a hacer un tour por varios sitios icónicos de Agra por la tarde. No aceptaban tarjetas para pagar en el hostel y, debido a la escasez de efectivo en el país, yo no tenía dinero en ese momento, por lo que decidí irme a otro establecimiento, con la buena fortuna de que el conductor de auto-rickshaw o tuktuk me llevó a otro hotel. Antes de que pudiera ver siquiera mi habitación, el amable recepcionista me dijo que me iba a enseñar la azotea, donde podría desayunar por las mañanas, y allí me esperaba la mejor sorpresa que podía imaginar.

Por primera vez en mi vida pude ver el Taj Mahal a lo lejos. Allí estaba como un trocito de cielo, tan bonito y perfecto, asomando por los caóticos tejados. No me podía creer lo que veían mis ojos y, para hacerlo todavía mejor, varios monitos pasaron por la azotea a la vez que contemplaba una de las Siete Maravillas del Mundo, y me emocioné.

Y me puse a llorar de felicidad.

Ahora sí, me di cuenta de que estaba de verdad en la India y que mi sueño se había hecho realidad.

Ver el Taj Mahal, aunque fuera en la distancia, me sacudió y me hizo despertar para ver que sí, que realmente lo estaba haciendo y lo estaba viviendo: estaba viajando sola y estaba teniendo mi gran epopeya, y todo lo que experimenté en los próximos 10 meses fue mejor que cualquier película o novela de aventuras.

¡Estaba en la India!

Posando con el Taj Mahal desde la azotea de mi hotel
Monitos por los tejados cerca de mi hotel en Agra

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Yolanda

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Yolanda

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